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Sunday, October 3, 2021

¿Y si nos juzgan?


¿Cuántas veces hemos perdido oportunidades por el miedo al qué dirán? ¿En cuántas ocasiones hemos dejado de ser nosotros mismos por temor a cómo las personas vayan a reaccionar? A mi pensar, no es una vida realmente plena si te limitas a ti mismo de tantas maneras, ignorando tu potencial, rechazando tu felicidad, solo porque pueda incomodar a alguien más. 

Creo que, por circunstancias que me tocaron vivir, tuve miedo por demasiado tiempo a lo que los demás pudieran decir, y me limitaba prácticamente en todo. No fue hasta que tomé la decisión de salir de la iglesia para nunca más volver, que comencé a sentirme y verme más libre. Ha sido, hasta el día de hoy, una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, y de lo único que me arrepiento es de no haberlo hecho más temprano. 

Desde ese momento en que comencé a romper las cadenas que me aguantaban, empezaron los otros cambios. Llegaron los tatuajes, las uñas pintadas, el pintarme el cabello, encontrar mi verdadera fe y estilo de vida, y una manera distinta de ver las cosas. Mi perspectiva había cambiado, sin la posibilidad de ir hacia atrás. Sin embargo, siempre ha habido personas a mi alrededor preocupadas por lo que los demás puedan pensar, decirme o hacerme. Siempre ha existido su pensar de, "No hagas tal cosa porque tal vez alguien te haga tal y tal cosa", "Recuerda que eres maestro", "No te busques problemas innecesarios". 



Aunque entiendo que todas estas preocupaciones vienen de un lugar de cariño, me rehúso a vivir así. Sí, soy maestro, pero eso no me hace esclavo de mi trabajo, ni tengo por qué limitar la manera en que expreso mi identidad por eso. Mi identidad es algo que no es negociable, por nada ni por nadie, y eso incluye mi empleo. El pensamiento admito que ha estado, esos primeros nervios de presentarme ante los demás tal y como soy. Pero al final del día, nada de eso importa. Quien tiene que estar feliz conmigo y mis decisiones soy yo. 

Cuando comencé a expresar más mi identidad fue con mi primer tatuaje. Dolió, bastante, pero valió la pena cada segundo. Ese fue el momento en que grité sin abrir mi boca, "El chico perfecto ya murió". Durante muchos años se me decía que mi cuerpo le pertenecía a su dios, que debía ser de cierta manera nada más, que lo que sentía en él no era natural. Así que, ese primer tatuaje fue un suspiro de alivio, una manera de demostrarme que es mi cuerpo, que el único dueño de él soy yo, y soy libre de hacer con él lo que me plazca. Mi piel es como un lienzo que aún pide que se haga más arte en él, que le recuerde las veces que sea necesario, que solo me pertenezco a mí mismo. 

Varias personas se preocuparon por lo que me dirían en la escuela, especialmente con mi segundo tatuaje, ya que porta un pentagrama. Pero mis tatuajes no me hacen menos profesional, no determinan mi capacidad para enseñar y hacer un buen trabajo. Son una extensión de mí, marcas de mi identidad, de las cuales estoy muy orgulloso. Si a alguien no les gusta, la solución es sencilla: se pueden morder un ojo. 



Luego de los tatuajes vinieron los cambios en el pelo. Azul, violeta, rubio, con ganas de algún día tenerlo de rosa. Varias personas se llegaron a reír, incluyendo familiares. Pero me vale. Al igual que mis tatuajes, el color de mi pelo estaba reflejando una parte de mí: la necesidad de cambio. Cuando siento que estoy cayendo en la monotonía, busco sacudir las aguas y generar caos, por más pequeño que sea. Me gusta el cambio, lo abrazo, lo necesito. No puedo quedarme igual por mucho tiempo, eso me desespera.



Más tarde vinieron las uñas, lo cual fue un reto para mí. Me preocupaba que a nadie le gustara, que los chicos me rechazaran, y muchas otras cosas más. Sin embargo, mientras más experimentaba con ellas, más me gustaba. Se han vuelto una manera perfecta de desenvolver este aspecto de mi personalidad que busca siempre un cambio, que odia la monotonía. Con el paso de las semanas comprendí que, aunque a muchos no les gustaría, a quien único le debía estar bonito y cómodo este proceso era a mí, no a nadie más. A pesar de que muchos se preocuparon por mi trabajo respecto a esto, volvemos a lo mismo: mis uñas no me hacen menos profesional. 



Mi vida ha cambiado y no solo en lo físico. Como ya muchos saben, encontré Wicca, y he conectado con esto de maneras que nunca me imaginé. Tener una fe poco convencional en esta sociedad aún conservadora ha sido un reto. Todavía hay muchos que creen que adoro al diablo, lo cual es una estupidez, pero es para que vean que la ignorancia es atrevida. Muchos otros se lo toman como un juego, o como una fase. Para mí es más que mi fe- es mi estilo de vida. Me hace sentir vivo, pleno, feliz, completo, y entendido. Obviamente, hay lugares en los que no hablo de esto; la fe es algo un poco más personal después de todo. Aunque debo decir que encuentro curioso el hecho de que, no encuentran apropiado que publique cosas sobre mi paganismo, pero ellos publican cosas sobre su cristianismo constantemente. El hecho de que crea en algo distinto, no hace mis creencias menos válidas que las tuyas. 



Lo que sí cabe mencionar es que, aparte de tatuajes, uñas pintadas y demás, siempre ha habido un factor determinante bajo el cual las personas me han pedido que sea callado: mi sexualidad. Y no mi ciela, no me da la gana de callarme. Si digo a viva voz mi orgullo gay, no es porque esté orgulloso de mi sexualidad y ya está; mi orgullo proviene de poder alzar mi voz en un mundo tan plagado por hipocresía, ignorancia, odio y estupidez. Mi valentía es la que me enorgullece, y me callé por demasiado tiempo, así que no pretendan que lo vuelva a hacer. Con esto han venido comentarios como, "No publiques nada con nadie, podría alguien juzgarte y decirte algo", "Te vas a buscar problemas en la escuela si publicas o dices ciertas cosas sobre ese tema", "No caminemos de la mano porque podrían juzgarnos". 

Eh... ¿cómo fue? ¿De cuándo acá yo tengo que limitarme para que alguien más se sienta cómodo? ¿Qué hay de mí y lo que me hace feliz? Si los demás les gusta que me calle o no demuestre ciertas cosas para ellos no incomodarse, obviamente no están pensando en lo que me hace bien a mí. ¿Por qué entonces yo tengo que preocuparme por que ellos estén cómodos? Claro está que no voy a hacer cosas indebidas en público o en mis redes sociales, no soy estúpido, pero tampoco encuentro justo que deba limitar mis muestras de cariño o expresiones de identidad solo porque una palomita se vaya a ofender. Que aprendan a vivir sus propias vidas es lo que tienen que hacer, que, porque un niño me vea de la mano con un hombre, no se le va a caer un brazo ni se va a traumar- dejen la ridiculez. 



Creo que con este último punto he llegado a la clave de este escrito: ¿por qué debo limitarme yo para hacerte feliz a ti? Me cansa, me hastía, tanto discursito de, "No hagas tal y tal cosa porque a fulano le va a molestar", "Si tienes pareja no publiques nada con él, porque tú sabes cómo es la gente", "No hables sobre Wicca porque les puede molestar", "No te deberías pintar las uñas porque te van a ver mal", "Un maestro no debe llevar tatuajes", "No lo beses en público, ¿qué va a pensar la gente?"

LA GENTE ME TIENE SIN CUIDADO. 

Cuando me paguen alguna de mis cuentas, hablamos. 

Limitarme a mí mismo, callarme, no mostrar quién soy, no es vivir, punto. Es complacer a los demás para que sus burbujitas no se revienten porque se ofendieron por una tontería. Yo no vivo para complacer a los demás, vivo para complacerme a mí, y ser feliz conmigo mismo. Si no les gustan mis uñas, no las miren; si no les agrada mi cabello, volteen la cara; si prefieren que oculte mi sexualidad y/o mi fe, se equivocaron de persona. ¿Por qué me insisten en que oculte aspectos de mí para que los demás no se sientan mal? ¿Realmente eso es cariño? Quiero vivir a plenitud, no a medias. 

¿Por qué yo tengo que cambiar quien soy, y ellos no pueden aprender a respetar? 

"No muestres tus diferencias, la gente te podría atacar." Que aprendan a respetar es lo que tienen que hacer, y ocuparse de sus propios asuntos- aplica para todos. No le hago daño a nadie por ser como soy, excepto a los conservadores que tiran piedras cuando su techo es de cristal. Me niego rotundamente a vivir con miedo, pensando en no incomodar a nadie para que no me lastimen. Me niego a vivir una existencia incompleta, insatisfecha; yo vine aquí a ser feliz, guste a quien le guste. 

Si me estuviese preocupando por lo que los demás vayan a decir, jamás saldría de mi casa. La opinión que los demás tengan de mí jamás ha sido ni será mi responsabilidad. Estoy seguro de quien soy, con mi expresión física medio camaleónica, mi magia, mi risa, mi alegría, mis ganas de vivir o mi apatía (depende del día), y mi capacidad de cumplir todo lo que me propongo y más. Soy feliz tal y como soy, con todo y mis defectos que complementan mi ser; si me juzgan, pues... esperen a que me importe. 



Con ese pensamiento en mente, unas cuantas palabras más. A ti, con quien decido compartir mis días y mis noches, mis alegrías y tristezas, qué maravilla y qué privilegio ha sido encontrarte en este caminar. Jamás me detendré al momento de tomar tu mano donde sea y caminar juntos abrazados, darte un beso y expresarte cariño. Si no les gusta, que breguen con esa, porque eres demasiado maravilloso como para no demostrártelo. Gracias por ser y estar. Amo la idea ti



Para culminar, no tengan miedo a ser ustedes mismos. La vida es demasiado corta, y hay que aprovecharla al máximo, no desperdiciarla pensando en qué vaya a pensar la gente. Nunca oculten ni disfracen su luz por nadie, porque alguien que pretende que lo hagas, es alguien que no vale la pena tener en tu vida. En un mundo donde se espera que sigamos la norma, ser diferente es de valientes. Si nos juzgan, que se vayan a la mierda. 



P.S. Quiero recomendaciones de películas. 

Saturday, December 5, 2020

Una Tarde en las Uñas

La individualidad en una persona siempre es algo que provoca miedo expresar. Hay tanto odio allá fuera, tan poca comprensión y aceptación, que el sólo pensar ser algo distinto puede ser paralizante. Después de todo, vivimos en una sociedad que no siempre acepta lo diferente, y muchas veces hasta lo ataca. 

Durante la búsqueda de mí mismo y la expresión de quién soy, he intentado varias cosas. Desde pintarme el cabello de algún color extravagante, tatuarme (ya mi cuerpo pide otro a gritos), cambiar mi estilo de vestir, y experimentar cosas totalmente nuevas. Cada cambio dio miedo al principio, al igual que cualquier otro cambio. Sin embargo, sentía la necesidad de hacer algo más; de ser algo más. 


Varias de mis amigas estuvieron meses enteros intentando convencerme de hacer un cambio en mi cuerpo; uno pequeño, pero hermoso y significativo. Querían que me pintara las uñas, algo a lo que me rehusaba totalmente al principio. No quería caer en un estereotipo por mi sexualidad, por ponerlo de alguna manera. Y me aterraba lo que alguien diría, cómo se vería en mi trabajo, con cuáles comentarios estúpidos tendría que lidiar. Sí, se veían hermosas las uñas decoradas, y muchos hombres ya las usaban. Pero no creía que era para mí. 

Hay una pregunta que, por alguna razón, muchas personas me han hecho: ¿Has pensado en hacer la transición a mujer? La pregunta obviamente no me ofende; no es nada malo, no hay nada por lo que ofenderse. Mas, sin embargo, mi respuesta siempre es no. De verdad me siento cómodo con mi cuerpo, y me siento satisfecho conmigo mismo. No siento que sea mujer, nunca lo he sentido; soy feliz siendo hombre. Pero entonces, ¿en qué posición me dejaría hacer este cambio? ¿Mi perspectiva cambiaría? 

Tal vez eran dudas tontas, pero no las podía evitar. 


Eventualmente cedí a las insistencias de mis amigas y di el salto. Aún con unas uñas extremadamente cortas por comérmelas, se hizo el trabajo y de una manera preciosa. Ese día tuve el mismo pensamiento de cuando me hicieron mi tatuaje: ¿en qué estaba pensando? Veía mis manos y no las reconocía, pero de la mejor manera posible. Estaba ahora un paso más cerca a expresar quién de verdad soy.


 
Mi agenda de repente se llenó de citas para pintarme las uñas. Mis tardes se llenaron de más risas, imaginación, arte, cariño y amistad. Cada vez que visito a mi amiga a que trabaje su arte y plasme su talento en mis manos, me siento tan bienvenido y cómodo, en un lugar totalmente seguro y lleno de cariño. Mis tardes ya no son iguales, y estoy tan agradecido por ello. 

Sin embargo, con esto venía otra interrogante. Esta vez sobre el tiempo que dedicaba a esta actividad, mi tiempo de trabajo, y hasta mi tiempo en casa. Como sociedad, estamos sumamente enfocados y hasta obsesionados con el trabajo, con laborar y ser lo más productivos posible. Llenamos nuestras agendas de reuniones, talleres, visitas al supermercado y al banco, citas médicas, fechas de entrega, compromisos imprevistos y demás. ¿Pero qué hay de nuestro tiempo libre? ¿Es algo tan malo poner una pausa, aunque sea forzosa? No podía evitar pensar, ¿estaré siendo un buen empleado, un buen maestro? ¿Estaré haciendo lo correcto tomando este tiempo apartado de todo? ¿Por qué demonizamos tanto el tiempo para nosotros mismos? 



Demasiadas veces pensamos que debemos estar produciendo a cada minuto de cada día para ser realmente eficientes y exitosos en nuestros trabajos. Ocupamos nuestra mente con lo primero que se aparezca, porque nos aterra el tener nuestra mente sin ocuparla; esto abre paso a pensar, a reflexionar, a que sentimientos que tal vez queremos dejar afuera comiencen a entrar, todos a la vez. En otras palabras, es aterrador a veces el no tener nuestra mente ocupada. Muchas cosas pueden pasar que no queremos. 

Así que, ¿realmente es tan malo tomar tiempo para nosotros? La respuesta es sencilla: no está mal. De hecho, es la única manera en la que vamos a sobrevivir todo este caos, y no me refiero sólo a la pandemia. Si queremos vivir y mantener una estabilidad mental sana, debemos tomar pausas, aunque estas sean forzadas. Nuestro enfoque no puede estar en nuestro trabajo y obligaciones todo el tiempo o nos vamos a desgastar, física y emocionalmente. Y no me refiero con esto a que debemos caer en la irresponsabilidad y la apatía; tomar pausas no es un sinónimo de ser malos en lo que hacemos. Lo más irresponsable sería continuar aún desgastados como si nada pasara, porque tanto nuestra productividad como nuestra estabilidad mental sufrirían. 



Si se me considera egoísta por tomar tiempo para mí, que así sea. Las tardes en que me escapo a cambiar mis uñas, a verlas distintas, son de las tardes más relajantes y divertidas que tengo. Por un tiempo, ninguna de mis preocupaciones existe. Todo se vuelve risas, anécdotas, recuerdos, consejos, y alguien al otro lado de la mesa con un talento precioso y las ganas inequívocas de transmitir su arte. 

Desde que hago esto, varias cosas han ido cambiando en mí. Me veo de una manera distinta, varios aspectos de mi autoestima han mejorado, me veo buscando nuevas y originales ideas para mis uñas, busco reflejar mis pensamientos y gustos en ellas, y sobre todas las cosas: me siento tan cómodo con el chico que me mira de vuelta en el espejo. Me siento cada vez más cerca a quien soy en realidad. 

Si a alguien no le gusta cómo me veo, o las decisiones que tomo en mi vida, la respuesta es sencilla: se pueden morder un ojo. Las personas no me dan de comer ni me pagan las cuentas, ni limpian mi casa o atienden a mis estudiantes. Su opinión ya me vale, no me importa en lo absoluto. No soy responsable de cómo otros me vean, o lo que puedan pensar. De lo único que soy responsable es de mi felicidad, mi vida, mi cuerpo, y mis decisiones. Respondo sólo por mí, no por la perspectiva que alguien pueda tener de mi persona. 


Los cambios, por más pequeños que parezcan, asustan y vienen envueltos con una sacudida. Pero una sacudida no significa que sea el fin del mundo; no pasa nada, es parte de crecer y evolucionar. Abrazo el cambio y me acoplo a él, y agradezco a las personas que vieron en mí lo que yo aún no estaba listo para descubrir. 

 

P.S. Este post hoy va dedicado a dos personas: a mi mamá que siempre ha querido leer algo mío; y a Neliaris, mi brillante y dulce amiga que ha hecho todo esto posible. Gracias por ser y estar. 


Libros que leí en el 2022

Tristemente, no pude leer tanto este año como en los anteriores. Fue un año sumamente ocupado y retante, entre nuevas experiencias, desafíos...